El Retrovisor
Ady Beitler
Por José Juan “Seju” Gari
Esto es el Retrovisor: historias increíbles del pasado, que nos ayudan a conectarnos con el presente.
Octubre de 2026
Escribir es de esas cosas que me pongo a hacer y el tiempo se me pasa volando. Como indiqué en mi última columna, es una suerte de vicio que disfruto mucho. Y la OBC&OGC Magazine me sirve de excusa para despuntarlo.
Pero hace mucho que no me siento a hacerlo. Desde febrero o marzo de este año, cuando escribí la última columna que se publicó. Me pasó aquello que a mucha gente: “no tuve tiempo”. O sea, no me lo hice por priorizar otras cosas. Hasta ahora, que hace semanas me di cuenta de que lo extrañaba. Así que me propuse priorizar escribir a pesar de que no sé si llegaré a tiempo para la próxima edición.
Dicho lo anterior —y en mi propia defensa— últimamente resultó que ningún podcast que escuché me llamó a decirme “de éste tengo que escribir”, cosa que me suele pasar antes de poner manos al teclado.
En mi columna anterior contaba que hace algún tiempo que elijo escuchar episodios de podcasts que ya conozco, y que sé que probablemente van a gustarme. Así venía, hasta que el algoritmo de Spotify me ofreció El Retrovisor.
Ady Beitler, quien lo creó, estudió abogacía en la Universidad de Montevideo, obtuvo una maestría en Harvard y también estudió en Stanford, entre otras cosas. Trabajó en Ferrere, luego en el BID, hasta que se dedicó full-time en Nilus, empresa que él mismo fundó.
Probablemente fue durante su pasaje por Ferrere y antes de su ida al BID que lo conocí. Mi memoria deja mucho que desear, pero por aquel entonces —habrá sido en el 2007 o 2008, a mis 22 o 23 años— yo cursaba materias de abogacía en la UM. Por algún motivo que no recuerdo, terminé inscribiéndome a un curso extracurricular cuya temática combinaba Derecho y Economía. Tampoco me acuerdo cómo se llamaba el curso, pero era algo así como Análisis Económico del Derecho.
Los atractivos eran que el curso era nuevo e innovador en la UM para ese momento, y que los profesores —Bernardo Amorín y Ady Beitler— eran abogados jóvenes y con credenciales académicas que no abundan. El rumor que me llegaba era que ambos eran unos genios, pero de esos que hablan con pasión de cosas que solo ellos entienden realmente.
Debo reconocer que en esa línea fue mi experiencia durante el curso: disfrutaba de las clases y que fuera algo disruptivo para el típico estudiante de Derecho en Uruguay. Y me despertaba admiración que volaran tan alto, a pesar de mirarlos desde más abajo. Pero si hoy me preguntan exactamente qué me quedó de aquella experiencia, no recuerdo conceptos concretos. Lo que sí me quedó fue la impresión de que los profesores eran fuera de lo común, y una sospecha de que iban a dar que hablar.
A Ady Beitler no me lo volví a cruzar ni supe más de él, hasta que el año pasado me crucé con un podcast que se llama “Tiene que haber algo más”, donde Magalí Bejar lo entrevista acerca de su experiencia con Nilus y lo que lo llevó hasta ahí.
Al escucharlo y enterarme de qué iba Nilus, 17 o 18 años después que lo tuve de profesor, confirmé que mi impresión de aquel entonces se ve reflejada en los hechos. Efectivamente: el tipo es un distinto. Un despegado.
“At Nilus, our mission is to make affordable and healthy food for all. (…) Poverty should not be more expensive, and that’s what we are working on.” Esto decía AB en la Harvard Alumni Entrepreneurs (HAE) Startup World Cup, en setiembre de 2025.
El perfil de Linkedin de la empresa expresa que “Nilus es una empresa de tecnología incubada en el Laboratorio de Innovación de Harvard que busca bajar el costo de vida de personas de bajos ingresos a través de la desintermediación, el rescate de alimentos en riesgo de desperdicio y la organización de grupos de compra comunitaria.” De esa manera, logra que personas de bajos ingresos accedan a precios más bajos que precios de mercado.
Otra que dar que hablar, Nilus se propuso algo así como terminar con el hambre en el mundo.
Forbes Uruguay: ¿Se puede erradicar el hambre con una empresa privada de tecnología?
O sea, algo o imposible o de locos. Pero por un tiempo parecía que lo estaban logrando: a lo largo de los años, tanto Nilus como AB tuvieron reconocimientos internacionales, mientras que la empresa conseguía su objetivo alcanzando cientos de miles de personas en distintas ciudades del continente. Y además era rentable.
Sin embargo, en 2026 la empresa tuvo que reestructurarse. Así lo explicó el propio AB en su Linkedin, hace cuatro meses:
“Hola. Quiero contar que Nilus llegó a un momento de transición y despedida para mí. La vendimos en Argentina, la cerramos en México, y le transferimos la tecnología al Programa Mundial de Alimentos de la ONU. Si bien estaré colaborando con los nuevos equipos de liderazgo, ya no será lo mismo.
En estos diez años, tuvimos un impacto del que estoy profundamente orgulloso. Llevamos alimentos a más de 1,5 millones de personas en situación de pobreza por toda Latinoamérica: Argentina, Perú, México, Ecuador, Colombia y Guatemala. Fuimos el sistema operativo del Programa Mundial de Alimentos de la ONU para la alimentación escolar en Ecuador. Y en 2023 nos reconocieron como Innovador Social del Año la Fundación Schwab y el Foro Económico Mundial.
Y aun así, los mercados decidieron que nuestra rentabilidad no justificaba la inversión que hacía falta para seguir creciendo solos. Así son las reglas del juego, y las entiendo. Pero hay una parte que duele mucho.”
Ese posteo en Linkedin fue útil para despedirse de Nilus, pero también para presentar en sociedad a El Retrovisor, el resultado de su proceso de sanación personal.
“Para procesar lo que sentía —una mezcla de orgullo, dolor y nostalgia— me refugié en la historia, el arte y el silencio. Y ese refugio terminó tomando forma de podcast. Lo llamé El Retrovisor.
Lo empecé como una herramienta de sanación personal. Pero amo el proceso de hacerlo y el producto que quedó, y por eso lo quiero compartir con todos ustedes. Son historias de diez minutos, con música, pensadas para conectarnos con el presente de una manera que nos hace sentir un poco mejor.
Esta es mi forma de decir gracias, y devolver una parte del cariño que recibí todos estos años.”
Este posteo lo encontré ahora, buscando información para este artículo. De haber conocido el contexto en que nació el podcast, lo hubiera escuchado mucho antes. Pese a eso, alcanzó con conocer algo de AB para tentarme a escucharlo.
Y me encantó.
Los episodios suelen tener de fondo una historia concreta vinculada a un personaje histórico de renombre, pero que suele no ser el motivo por el cual es recordado. Desde el CV de Leonardo Da Vinci a cómo Churchill pintaba con acuarelas en lienzo.
Por ejemplo, el segundo episodio empieza así:
El 10/02/1806, el Boston Gasset publicó la siguiente nota:
“No es broma, un barco acaba salir del puerto rumbo a Martinica con un cargamento de hielo. Esperamos que esto no resulte una especulación resbaladiza.”
Esa es toda la nota. Y resulta que esa especulación resbaladiza le costó a Frederic Tudor toda su fortuna familiar y su reputación. Y lo metió en la cárcel de deudores al menos 2 veces. ¿Sabés lo que quiso hacer? Quiso vender el invierno, quiso empacarlo en una caja de madera, subirlo a un barco y venderlo en el Caribe. A gente que ni siquiera sabía que el frío se podía comprar y ¿querés escuchar la mejor parte? Lo logró.
Esa historia, como la de todos los episodios que escuché, se conecta con una anécdota personal de AB.
“Hace un tiempo estaba sentado en la barra de un bar de Mount Pleasant, el barrio latino de Washington DC. Estaba solo, con un whisky en la mano. Había tomado una de las decisiones más difíciles de mi vida: decirle adiós al emprendimiento social que había fundado 10 años atrás y al que le dediqué gran parte de mi vida. Sentía un profundo dolor. Una enorme sensación de fracaso.
Miraba el vaso casi hipnotizado por los hielos que flotaban como peces en el ámbar y en medio de esa neblina mental, como buscando inconscientemente una salida, me detuve a mirar ese vaso y pensé: ¿a quién cuerno se le ocurrió poner un pedazo de hielo dentro de este vaso? ¿Cómo pasó que alguien dijo esto se toma frío?
Saqué la laptop y me puse a buscar y la historia que encontré, la de Frederick, me devolvió la paz.”
Cada episodio se apoya en hitos históricos que podrían haber pasado desapercibidos pero que cambiaron la historia: desde cómo una persona salvó a la humanidad haciendo literalmente nada, hasta cómo una fístula anal de Luis XIV es el origen de la cirugía como la conocemos hoy.
Y siempre concluye con alguna pregunta que funciona como invitación a reflexionar. Todo en diez minutos, musicalizado de forma muy intencional y adecuada, y con un fuerte componente introspectivo y generoso de parte del autor.
Si querés diez minutos de paz, o simplemente sentirte mejor: dale play. Esto es el Retrovisor. Y hoy es un buen día.




















